INFORMALIDAD Y TURISMO

  1. Turismo y estructura productiva: una oportunidad estratégica para Bolivia

El turismo posee características que lo convierten en un sector clave para enfrentar la informalidad desde la raíz productiva. A diferencia de otras actividades intensivas en capital, el turismo es intensivo en empleo, tiene fuertes encadenamientos locales y una elevada capacidad de absorción de mano de obra con distintos niveles de calificación. En países con estructuras productivas frágiles, el turismo ha demostrado ser una vía eficaz para ampliar la base productiva y acelerar la transición hacia la formalidad.

En Bolivia, el potencial turístico es ampliamente reconocido: diversidad cultural, patrimonio histórico, biodiversidad y paisajes únicos. Sin embargo, su contribución al empleo formal sigue siendo limitada. Según datos del INE y estimaciones sectoriales consistentes con estudios de la OIT, una parte sustancial del empleo turístico se desarrolla en condiciones informales, especialmente en alojamiento pequeño, gastronomía, transporte local y servicios culturales. Esto no es un fallo del sector, sino el reflejo de una política turística que no ha sido concebida como eje estructural del desarrollo productivo.

  1. Turismo como generador de inversión, empleo y distribución del ingreso

Desde una perspectiva de desarrollo, el turismo ofrece tres ventajas centrales frente al problema de la informalidad:

  1. Atracción de inversión privada: el turismo reduce barreras de entrada para la inversión nacional y extranjera, particularmente en regiones fuera de los principales centros urbanos. Infraestructura hotelera, servicios, transporte y economía creativa generan un ecosistema productivo más amplio.
  2. Generación de empleo local: el turismo crea empleo no deslocalizable. La mayoría de los puestos de trabajo se generan en el territorio, lo que favorece la inclusión de poblaciones rurales y periurbanas, donde la informalidad es más persistente.
  3. Distribución más equitativa del ingreso: al involucrar a comunidades locales, microempresas y emprendimientos familiares, el turismo permite una redistribución territorial y social del ingreso superior a la de sectores extractivos o altamente concentrados.

En este sentido, el turismo no debe ser visto como un sector complementario, sino como un pilar de una estrategia de expansión de la base productiva orientada a la formalización gradual y sostenible.

  1. Más allá de la regulación: incentivos y economía del comportamiento

La experiencia boliviana confirma que imponer formalización mediante normas no funciona en sectores de baja productividad. Aquí resulta especialmente relevante incorporar los lineamientos de Richard Thaler y la economía del comportamiento, que enfatizan el diseño de incentivos y “empujones” (nudges) en lugar de mandatos coercitivos.

Aplicado al turismo y al empleo, esto implica:

  • Formalidad como opción por defecto: simplificar registros y licencias de modo que operar formalmente sea el camino más fácil, no el más costoso.
  • Incentivos visibles e inmediatos: acceso preferencial a plataformas de promoción turística, compras públicas, ferias internacionales o certificaciones de calidad solo para operadores formalizados.
  • Recompensas progresivas: beneficios crecientes (crédito, capacitación, infraestructura) vinculados a grados de formalización, no a un cumplimiento total inmediato.
  • Reducción de la carga cognitiva: trámites simples, digitales y unificados, que reconozcan que los pequeños operadores no responden a modelos burocráticos complejos.

Siguiendo a Thaler, el objetivo no es obligar a los actores a formalizarse, sino hacer que la formalidad sea la decisión racional y atractiva dentro de su contexto real.

  1. Un planteamiento en plazos con énfasis en turismo

Corto plazo (1–2 años):

  • Definir al turismo como sector prioritario de desarrollo productivo y empleo
  • Suspender enfoques sancionatorios sobre pequeños operadores turísticos
  • Diseñar incentivos conductuales: beneficios inmediatos y visibles por formalización básica
  • Invertir en promoción internacional y conectividad turística

Mediano plazo (3–5 años):

  • Desarrollar polos turísticos regionales con infraestructura compartida
  • Integrar a microoperadores a cadenas formales de valor (hoteles, operadores, plataformas)
  • Expandir formación técnica en servicios turísticos
  • Consolidar esquemas de formalización gradual basados en incentivos

Largo plazo (5 – 10 años):

  • Convertir al turismo en un generador estructural de empleo formal
  • Fortalecer encadenamientos con agroindustria, artesanía, transporte y economía cultural
  • Lograr que la formalidad sea dominante en el sector por razones económicas, no normativas
  1. Turismo y la economía del comportamiento de Thaler

La reducción sustantiva de la informalidad en Bolivia exige abandonar la ilusión normativa y apostar por la transformación productiva. En ese marco, el turismo ofrece una vía concreta, inclusiva y territorialmente equilibrada para ampliar la base productiva, atraer inversiones y generar empleo formal. Complementado con incentivos inteligentes inspirados en la economía del comportamiento de Thaler, el turismo puede convertirse en un catalizador de formalización sostenible, donde la legalidad no sea una imposición, sino una consecuencia natural del desarrollo económico.

Aquí resulta especialmente relevante incorporar los lineamientos de Richard Thaler y la economía del comportamiento, que acentúan el diseño de incentivos y “empujones” (nudges) en lugar de mandatos coercitivos.

Aplicado al turismo y al empleo, esto implica:

  • Formalidad como opción por defecto: simplificar registros y licencias de modo que operar formalmente sea el camino más fácil, no el más costoso.
  • Incentivos visibles e inmediatos: acceso preferencial a plataformas de promoción turística, compras públicas, ferias internacionales o certificaciones de calidad solo para operadores formalizados.
  • Recompensas progresivas: beneficios crecientes (crédito, capacitación, infraestructura) vinculados a grados de formalización, no a un cumplimiento total inmediato.
  • Reducción de la carga cognitiva: trámites simples, digitales y unificados, que reconozcan que los pequeños operadores no responden a modelos burocráticos complejos.

Siguiendo a Thaler, el objetivo no es obligar a los actores a formalizarse, sino hacer que la formalidad sea la decisión racional y atractiva dentro de su contexto real.

 

Esto implica, políticas activas orientadas a la diversificación productiva con énfasis en manufactura, agroindustria y servicios modernos

  • Desarrollo de encadenamientos productivos que integren a unidades pequeñas en cadenas de mayor escala
  • Inversión pública y privada en infraestructura productiva, logística y energía
  • Acceso efectivo a financiamiento productivo de mediano y largo plazo
  • Formación técnica y tecnológica vinculada a sectores estratégicos

La formalidad no debe ser el punto de partida, sino el resultado del aumento de productividad y escala.

  1. Conclusión

La informalidad laboral en Bolivia no se combate con decretos, sino con desarrollo productivo. Las normas pueden ordenar lo que ya es viable, pero no pueden sustituir a la productividad. En ese marco, el turismo ofrece una vía concreta, inclusiva y territorialmente equilibrada para ampliar la base productiva, atraer inversiones y generar empleo formal. Mientras la economía no amplíe su base productiva y no genere empleo de calidad a escala, la informalidad seguirá siendo la respuesta racional de millones de trabajadores. La verdadera política de formalización es, en esencia, una política de crecimiento productivo sostenido.