FRANCIA: DE LA PROTESTA ESTUDIANTIL, A LA VIOLENCIA SOCIAL DESMEDIDA
Lo ocurrido en Francia en las últimas semanas, ha llamado la atención del mundo entero. La pregunta recurrente es: ¿Qué o quiénes están por detrás de las protestas estudiantiles y sociales para que la violencia desmedida, se haya apoderado de las calles francesas?
La respuesta es compleja. Muchos apuntan al oportunismo de la izquierda radical. Otros, a la extrema derecha opositora al presidente Emmanuel Macron; ambos movimientos, como consecuencia de la búsqueda del poder gubernamental y la cercanía de las elecciones presidenciales programadas para el 18 de abril de 2027.
Sin embargo, los argumentos que más pesan sobre el descontento social, pueden sintetizarse en: a) La elevación del costo vida, b) Los altos niveles de desempleo, c) La crisis de vivienda, pero, principalmente, d) Las condiciones deficientes de infraestructura educativa, el déficit de profesores en aula, la saturación de clases, el uso de la plataforma “Parcoursup” (cuestionada en la forma de selección de estudiantes, para el ingreso a las principales Universidades) y los recortes presupuestarios en educación.
LAS PROTESTAS
A mediados del mes de septiembre empezaron las protestas estudiantiles en París. Estos reclamos, suscitados principalmente en la periferia de la capital francesa, fueron liderados, en su mayoría, por la Union Syndicale Lycéenne (USL) y la Union Étudiante, organizaciones de secundaria y universitarios, respectivamente.
Las demandas (no nuevas, por supuesto) parecían llevarse a cabo con relativa tranquilidad, sin embargo, se salieron de control y, como todos conocen, terminaron en violencia desmedida en el mes de octubre.
Más allá de que hubo una campaña de desinformación a través de las redes sociales (según el gobierno); lo ocurrido, responde al malestar y crisis económico-social en Francia, así como a las limitaciones de inserción laboral y la falta de oportunidades equitativas, sentidas, por miles de jóvenes franceses.
No sin motivo, la tasa general de desempleo, al segundo semestre de 2026, fue de 8,5% (representando 2,7 millones de personas desempleadas, la más alta desde 2020); y la tasa de desempleo juvenil fue de 21% (afectando a 690.000 menores de 25 años).
A los reclamos citados, se sumaron los pedidos de los sindicatos de trabajadores y sus representados, transportistas, agricultores y “chalecos amarillos” que, desde 2018, aparecieron como artífices de las protestas contra las políticas fiscales restrictivas del gobierno.
Los argumentos de protesta de éstos últimos, se relacionan específicamente a que los ingresos de los franceses, en general, fueron afectados y “deteriorados” por el alza del precio de la gasolina (el cual, en enero de 2026, rondaba 1,68 euros por litro y actualmente 2,34 euros por litro) y del diésel (que en enero rondaba 1,72 euros por litro y actualmente ronda 2,50 euros por litro), así como a la elevación de los precios de la canasta familiar (la tasa de inflación interanual alcanzó el 3,1%); y, a las dificultades habitacionales (siendo la tasa de inflación interanual de alquileres de 1,6%, según el Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos de Francia (INSEE)).
VIOLENCIA DESMEDIDA
Sólo en la jornada del 17 de octubre pasado, el Ministerio del Interior francés contabilizó 550.000 participantes, mientras que la Confederación General del Trabajo (CGT) estimó a más de 800.000 manifestantes a nivel nacional (en París, marcharon entre 110.000 y 140.000 personas).
Se saquearon y quemaron negocios, oficinas gubernamentales y patrimoniales. Se destrozaron vehículos privados y públicos. Se arrestaron a más de 2.400 manifestantes (entre ellos menores de edad), hubo cientos de heridos, un fallecido. Un excesivo maltrato de las fuerzas del orden para con los protestantes y una respuesta violeta y sin medida de los que manifestaban, reprochable desde todo punto de vista.
Semejante descontento social, no se había visto en Francia desde 1968. Por lo que se establecieron toques de queda en París y Niza.
Al respecto, Francia, después de Alemania y Reino Unido, representa la tercera economía más grande de Europa (PIB de 3,21 billones de euros). Su déficit fiscal llega al 5,1% y su deuda pública al 119% del PIB; 9,12% del total del gasto público está destinado a la educación, habiéndose reducido éste, desde el año 2017 hasta la fecha, en 20%.
En consecuencia, la crisis política, económica y social dejó de ser coyuntural hace varios años atrás y se convirtió en estructural y de tal magnitud, que el miedo en países vecinos como: Bélgica, Albania, Italia y España, entre otros, es que los descontentos sociales se ahonden mucho más en Francia y afecten al resto de Europa.
LECCIONES PARA AMÉRICA LATINA
La desconexión entre el sistema educativo y la falta de oportunidades laborales para los jóvenes, son los desencadenantes más importantes y característicos de protestas sociales en cualquier país.
Francia lo está viviendo; la atención de este grupo poblacional ha sido descuidada, así como el reclamo de la mayoría de adultos mayores quienes sienten afectaciones económicas recurrentes, por el deterioro de sus ingresos.
Macron, debió evitar la acumulación de los descontentos sectoriales y no haber optado por silencios gubernamentales basados en respuestas de ajustes presupuestarios; asimismo, lograr mantener al parlamento francés unido y aprovechar el respaldo político que, en su momento, tuvo. En consecuencia, combinar la gestión de seguridad, el impacto social y la tensión institucional frente a las protestas, es un reto que parece no desaparecerá fácilmente de Francia; siendo ésta, una lección para los gobiernos de América Latina, especialmente, para aquellos considerados políticamente frágiles.
