SOSTENIBILIDAD, UNA PALABRA SENCILLA; PERO COMPLEJA EN SU PRÁCTICA

De un tiempo a esta parte, la palabra “sostenibilidad” ha cobrado importancia notoria. Se la emplea como tema de debate en foros, investigaciones, medios de comunicación, entre otros espacios educativos e informativos no menos importantes.

Asimismo, se la utiliza para abordar conceptos más complejos como los de “sostenibilidad ambiental”, “económica”, “social” y para explicar el “desarrollo sostenible”.

PERO, ¿QUÉ ES LA SOSTENIBILIDAD?

El concepto de sostenibilidad, tal como lo conocemos hoy, surgió por primera vez en el “Informe Brundtland” (“Nuestro Futuro Común”, en 1987).

Este documento, elaborado para las Naciones Unidas por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, planteó que la “sostenibilidad consiste en satisfacer las necesidades de la actual generación, sin sacrificar la capacidad de futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades”.

En palabras sencillas, propuso que la naturaleza y el medio ambiente no son una fuente inagotable de recursos, sino que necesitan protección y uso racional para alcanzar el “desarrollo sostenible”.

En consecuencia, estableció como objetivo de agenda global, recurrir a la responsabilidad social de cada país, organización y persona, para aminorar las consecuencias medioambientales negativas del desarrollo económico y la globalización.

Asimismo, encaminó los principales lineamientos de desarrollo sostenible para comprender que: a) La “Sostenibilidad Ambiental” debe enfocarse en preservar la biodiversidad sin tener que renunciar al progreso económico y social; b) La “Sostenibilidad Económica”, debe buscar la rentabilidad y la generación de riqueza en equilibrio con la sostenibilidad ambiental y social; y c) La “Sostenibilidad Social”, debe adoptar valores que generen comportamientos de respeto a la naturaleza, garantizando que todas las personas tengan las mismas oportunidades de vida.

DESARROLLO SOSTENIBLE A PARTIR DE LA SOSTENIBILIDAD AMBIENTAL, ECONÓMICA Y SOSTENIBILIDAD SOCIAL

¿Se puede alcanzar un desarrollo sostenible bajo los conceptos anteriormente señalados, de protección y uso racional de los recursos naturales? La respuesta es sí. Pero implican grandes esfuerzos conjuntos entre el Estado, las empresas y las familias.

En ese contexto, el Estado, debe garantizar las actividades empresariales privadas y de las familias en completa libertad y democracia, estableciendo reglas claras y asegurando un entorno jurídico independiente; promoviendo y protegiendo las inversiones, a objeto de lograr un crecimiento económico y bienestar social equilibrado en el mediano y largo plazo.

Las empresas, a través de incentivos de disminución de impuestos por parte del Estado, deben apuntar a ser “socialmente responsables”. Esto implica (promover) que estas últimas, destinen parte de sus utilidades en proyectos que beneficien a comunidades que vivan cerca de sus instalaciones en tareas como: educación, salud, empleabilidad, etc., y que puedan utilizar (empresas y familias) energía solar, eólica, hidráulica u otras provenientes de desechos orgánicos en el desarrollo de sus actividades.

Finalmente, las familias tienen la tarea de difundir y practicar entre su entorno cercano y la sociedad en su conjunto, el principio de “consumo responsable”; entendiendo que no se deben explotar los recursos disponibles de forma indiscriminada y que, más bien, se los debe proteger por el bien de las generaciones futuras.