LA DOLARIZACIÓN EN ARGENTINA: GRANDES DUDAS EN MEDIO DE LA DESESPERANZA

Es muy posible que la economía argentina llegue a su absoluta dolarización si Javier Milei consigue ser el próximo presidente de Argentina. Por cierto, lograría el objetivo económico más necesitado en estas circunstancias: terminar con la inflación. Otra cosa es que esta medida se imponga sin que “la sangre (literalmente) llegue al río”. Una medida de esta naturaleza, sin duda, provocará serias y convulsionadas consecuencias sociales y políticas. Generará una gran reacción por parte de las fuerzas peronistas, sus sectores kirchneristas y, seguramente, de los congresistas que mayoritariamente constituirán la oposición al mandato de Milei.

La pregunta entonces es, cuán fuerte será la reacción de la población, que actualmente piensa que, al dolarizar su economía, los salarios que vayan a recibir desde el momento de la dolarización tendrán igual, o incluso mayor, poder adquisitivo. Los argentinos de a pie, la mayoría, por cierto, ven que los pesos argentinos pierden poder adquisitivo, cada día (o cada minuto) que pasa. Ingenuamente creen que cuando sus salarios sean expresados en dólares recibirán, inmediatamente las retribuciones a su trabajo en la moneda estadounidense. Pero, no puede ser así, por la sencilla razón de que si algo escasea en la economía argentina son, exactamente, los dólares. Entonces, en el período de transición, recibirán sus salarios en pesos a un tipo de cambio de mercado. Mercado en el que el precio de los escasos dólares, o su tipo de cambio, trepará aceleradamente.

Milei explica que él ya tiene la fórmula para obtener dólares que consiste en cambiar internacionalmente las obligaciones estatales, denominadas Leliq (Letras de liquidez emitidas semanalmente por el Banco Central y nominadas en pesos con interés creciente), con los fondos de inversiones internacionales conocidos como “fondos buitre”. Compra de la deuda que sería cambiada a dólares, supongo que al tipo de cambio paralelo o “blue”. También afirma que los argentinos tienen guardados más de 300 mil millones de dólares bajo el colchón o en cuentas externas. Que esto sea cierto o no, solo se evidenciará en el momento que se inicie el proceso de dolarización.

En esta transición, aunque él quisiera eliminar al Banco Central, no le quedará otra, al posible gobierno de Milei, que mantenerlo para que siga imprimiendo pesos inicialmente y luego la moneda fraccionaria. Situación que hará que los precios de los productos en el mercado eminentemente suban. Pero, a la vez, se tendrá que establecer una fecha para la validez de transacciones en pesos que paulatinamente obligará a aceptar un cambio a la baja del dólar. En este período intermedio, al no tener la cantidad suficiente de dólares circulando en la economía, la tendencia será hacia una relativa estabilidad en la que el peso se devaluará y el dólar alcanzará un precio de equilibrio.

La promesa o amenaza de cerrar el Banco Central es, claramente, una declaración retórica y cae dentro del discurso amenazante y vocinglero del candidato Milei. En los hechos, se asumirán una serie de medidas, por un lado, más cerebrales y represivas, por el otro. El Banco Central seguirá funcionando, inicialmente, como ya se dijo, para emitir pesos argentinos, y luego para recibir dólares de las exportaciones y de los bancos comerciales que deberán mantener reservas de acuerdo al encaje legal. Estos bancos operarán en las transacciones de todos los días. La supuesta eliminación total del Banco Central significaría que cada uno de los bancos comerciales mantienen como reserva en dólares, la misma o una considerable proporción de los depósitos que reciban. Por tal razón, los créditos que realicen y, por lo tanto, también los depósitos que reciban, no serían un factor importante en la creación de dinero bancario. Salvo que se mantenga al Banco Central para captar el encaje legal o que las auto-reservas se realicen de manera supervisada estrictamente por la superintendencia de bancos. Una entidad, eminentemente estatal que, seguro, también incomoda a Milei, aunque no dice nada al respecto.

Esto significa que la banca apenas recibe dólares esteriliza el poder que tiene para crear dinero y por lo tanto también afecta la labor de dinamizar la economía por parte de la banca comercial privada, tal como quiere que sea Milei. Así, cerrar el Banco Central significaría también castrar a la banca privada. Y esto no es precisamente una medida recomendable que facilite la producción y el comercio de cualquier economía.

En consecuencia, se tendrá que mantener un Banco Central con funciones ciertamente recortadas, a la vez que funcione con relación a una banca comercial que no puede mantener la gran cantidad de reservas que requerirían sus operaciones. Es la banca privada en su funcionamiento como banca comercial, la que necesita del Banco Central para mantener una reserva mínima pero que facilita la creación de dinero bancario. Como en toda economía, el sector privado requiere del Estado, como el Estado requiere de la economía privada.

Se insiste en que la dolarización en la Argentina exige una gran cantidad de dólares que en este momento esa economía no tiene. No obstante, son precisamente las características que se tienen, por la crisis que atraviesa la Argentina, que exige la dolarización desde la perspectiva libertaria que asume Milei. Pero, son precisamente esas condiciones las que exigen la dolarización completa y absoluta de una economía que no encuentra un Norte.

Otra forma de controlar la inflación para evitar la destrucción del peso argentino y la conversión total al dólar, es la que se siguió con el decreto supremo 21060 en Bolivia. Recuérdese que en ese momento la población estaba cansada, desesperada, angustiada por el proceso inflacionario y quería, sobre todo, estabilidad de precios. El decreto generó gran convulsión social que fue controlada con el apresamiento y confinamiento de los dirigentes sindicales en todo el país. Estos esperaban que la población siga en su movilización buscando la liberación de esos dirigentes. No fue lo que ocurrió. La población, en un período relativamente corto, aceptó las condiciones duras del decreto 21060.

En Argentina, para instaurar la dolarización, Milei tendrá que recurrir a medidas políticas represivas, y más que el apoyo del congreso, requerirá condiciones de excepción para imponer la absoluta dolarización de la economía argentina. Es una tarea difícil y muy penosa, pero en este momento no existe en la Argentina una alternativa tan clara como la que presenta Milei. La respuesta que pueda recibir por parte de las fuerzas armadas y las fuerzas del orden policiales serán determinantes para que, en última instancia, se genere un clima de aceptación de esa dolarización.

A la vez, los dólares pueden fluir a la economía Argentina si es que la producción de gas de

Vaca Muerta llegue a ser lo suficientemente cuantiosa como para contribuir a una gran demanda del dólar. Sin embargo, ese flujo de recursos puede verse afectado por la situación depresiva de la economía de la China y puede pesar enormemente en las exportaciones que realiza Argentina hacia la economía China.

Lo cierto es que en las condiciones que la Argentina vive tanto económicas como de seguridad ciudadana, y el gran aumento de la pobreza (50% de la PEA), pueden haber creado las condiciones para aceptar la dolarización y el triunfo de una política libertaria. Sin duda, tendrá un costo social elevadísimo en la medida que la represión que requerirá sea aceptada por los más afectados por la inflación y la pobreza. Angustiosas condiciones que enfrenta el pueblo argentino y la emergencia de un agresivo “salvador” genera esperanza pero, a la vez, no se puede dejar de lado las dudas que una política tan dura llegue a ser exitosa.