LA GUERRA EN EUROPA Y SUS EFECTOS ECONÓMICOS

Rusia ha pasado a ser el país más sancionada del mundo. La exclusión del sistema Swift le impide realizar compra de bienes y servicios con el resto del mundo, no puede pagar su deuda y tampoco puede operar con activos internacionales. A pesar que cuenta con más de 0,6 billones de dólares en reservas solamente puede disponer del 50% de dichos activos. Las calificadoras de riesgo han degradado la deuda rusa al rango de bonos basura. 

El bloqueo económico afecta a los bancos privados, al banco central y a las familias que actualmente no puede retirar dólares del sistema financiero. Producto de las sanciones económicas la moneda rusa – el rublo- se ha devaluado en 60%, este porcentaje es mucho mayor incluso a las crisis sufridas en 1998 y 2015.

El bloqueo económico también incluye el plano comercial. Estados Unidos estableció la prohibición de exportaciones a Rusia de tecnología como semiconductores, microchips entre otros. También ha prohibido que terceros países comercien estos productos. Desde Canadá se determinó la cancelación de permisos de exportación y desde Alemania la suspensión del permiso para la apertura del gasoducto Nord Stream 2, que conecta Rusia con el mercado europeo. Más recientemente se prohibieron las importaciones de petróleo, gas y carbón de Rusia hacia Estados Unidos, mientras que Reino Unido dijo que lo haría de forma paulatina.

También se ha producido un éxodo de empresas y transacciones que operaban principalmente desde Moscú. La salida de empresas es muy amplia y abarca los sectores Bancario, Energético, Aviación, Industrial, Logística, Moda, Tecnología, Telecomunicaciones y Entretenimiento. Recientemente se sumaron también cadenas de comida como McDonalds y empresas de gaseosas como Coca Cola y Pepsi Cola.

Adicionalmente se han producido restricciones de movilidad. Por un lado, está el cierre del espacio aéreo ruso para aerolíneas de 36 países incluyendo la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos. Por su parte, las Unión Europea ha suspendido la autorización para que aviones rusos puedan pisar suelo europeo. Las principales navieras del mundo como ser MSC y Maersk, también han realizado un paro temporal de operaciones en el Mar Báltico, el Mar Negro y el Mar del lejano oriente. Empresas de transporte como Ocean Network Express, suspendieron también sus servicios desde Odesa (Ucrania) y San Petersburgo (Rusia) y Novorossiysk (Rusia). Asimismo, Turquía aplicó el cierre del Mar Negro a buques militares rusos y ucranianos, amparado en el convenio de Montreux.

A las sanciones económicas, financieras y comerciales, se sumaron otras más simbólicas como la suspensión de la FIFA a los equipos rusos o la restricción de utilizar la insignia de su país a deportistas rusos en competiciones internacionales por el Comité Olímpico. También fueron censuradas las cadenas de televisión y agencias de noticas rusas y varias dejaron de circular en internet. 

El problema es que en un mundo globalizado como el actual, muy distinto al que estuvo vigente durante la primera y segunda guerra mundial, las relaciones económicas tan estrechas hacen que los efectos económicos de la guerra entre Rusia y Ucrania, traspase fronteras y todo el mundo se vea afectado directa o indirectamente.

El mercado accionario fue uno de los primeros en mostrar cambios abruptos anticipando el estallido de la guerra. Las cotizaciones de las acciones de las principales bolsas cayeron en picada durante varios días. Fruto de la mayor incertidumbre, subieron el precio de bonos y algunos minerales considerados como activos de refugio. El oro, por ejemplo, en pocos días superó la barrera de USD2.000 la onza troy y estuvo a escasos dólares de marcar un nuevo récord internacional. Junto con el oro subieron el precio de otros minerales como la Plata, el Estaño y el Plomo. Productos que son de exportación boliviana. 

El mercado energético también se vio sacudido por una escalada del precio del petróleo que llegó a cotizarse a más de USD130 el barril, lo que despertó la preocupación internacional por una probable inflación internacional de costos de la energía. En pocos días el precio de la gasolina y la energía en Europa se ha incrementado en más del 50%, por lo que los gobiernos estudian medidas para atenuar su incremento. En el caso boliviano, este incremento de precios es importante porque nos afecta tanto por el lado de las exportaciones, porque vendemos gas y, por el lado de las importaciones, porque importamos Diesel Óil y petróleo. 

El precio de algunos alimentos como el trigo también subió tras los conflictos debido a que tanto Rusia como Ucrania son uno de los mayores productores en el mundo y el riesgo de desabastecimiento de los mercados llegó a encarecer su precio. También subieron la soya, el maíz y el girasol por similar efecto. Estos productos exportan Bolivia, por lo que el incremento del precio ayudará a mejorar la balanza comercial. El precio de la Urea también se cotizó a precios altos. Rusia es un gran proveedor de este fertilizante y su dificultad para poder exportar implicará un costo en los agricultores principalmente europeos, que podrían trasladar dichos costos a los consumidores finales. 

En suma, la guerra en Europa ha demostrado lo contradictorio que puede ser el sistema capitalista ya que, en el afán de querer ejercer la presión suficiente a Rusia para desista con su incursión militar, el costo de la guerra en Ucrania la terminarán pagando los consumidores europeos y el resto del mundo que deberán pagar un precio más caro por el petróleo ruso que exportarlo hoy es más difícil pero rentable.